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El náhuatl en las universidades centroamericanas

By Adriana Álvarez Sánchez, FFyL-UNAM (Mexico)

La creación de universidades reales o Estudios Generales, como también se les llamó, obedeció a la necesidad de contar con una burocracia profesional que administrara los amplios territorios de la monarquía. Apenas unas décadas después de la conquista, la corona había dado licencia para fundar universidad en dos de las capitales de los virreinatos americanos: Lima y México. Ambas universidades fueron creadas bajo el modelo salmantino que, entre los conocimientos que se transmitían se encontraban las lenguas. Estas no pertenecían propiamente a una facultad pero, en algunos casos, era obligatorio cursarlas. Sin embargo, ni la universitas mexicana ni la limeña contaron con cátedras de esta naturaleza hasta 1580 cuando, por orden real, se les obligó a crear sillas para enseñar las “lenguas generales” de los naturales. En las siguientes líneas se presentará un resumen acerca del desarrollo de estas cátedras dentro de las universidades americanas, con especial énfasis en el caso guatemalteco.

Como es sabido, la ordenanza o cédula real implicaba la obediencia pero no necesariamente la aplicación práctica. En San Marcos de Lima, ya en los estatutos de finales del siglo XVI e impresos en 1602, aparece una sola cátedra de “la lengua de esta tierra”, con un salario anual de 600 pesos para su lector.[1] En el archivo de esta institución no se conservan registros de los catedráticos ni de los estudiantes que habrían acudido a aprender la lengua.[2] En México, la cátedra de mexicano y otomí – que debían ser enseñadas por el mismo lector – fue creada hasta de la década del cuarenta de la siguiente centuria en el contexto de un rector que buscaba ser reelecto, para lo cual argumentó la necesidad de fundar la cátedra. Sabemos que fue imposible mantener la enseñanza de ambas lenguas en una sola cátedra y aunque oficialmente no se separó una de otra, se contrató a dos frailes para ello. Sin embargo, lo que sí es claro es que la silla fue utilizada como promoción para sus catedráticos, antes que servir para enseñar y aprender las lenguas.[3] Aunque hubo secuencia en la cátedra, no se registran estudiantes en ella.

En el caso de San Carlos de Guatemala, la tercera universidad real creada en América por cédula real de 1676, desde un inicio se planteó la enseñanza de las lenguas generales. Las primeras gestiones, después de algunos debates y de conseguir contar con los recursos para el funcionamiento de la institución, resolvieron crear nueve cátedras, entre las que se encontraban dos de lenguas: una de pipil o “mexicano”, y otra de cakchiquel.[4]

El desarrollo de las cátedras fue distinto, pues para la de cakchiquel se contó con un catedrático desde el inicio, el fraile dominico José Ángel Cenollo, mientras que para pipil, tuvieron que pasar cinco años después de haberse inaugurado la universidad para contar con el único lector que tendría la silla: el bachiller Lorenzo González de Maeda.[5]

De esta manera, la cátedra de mexicano o pipil se fue desvaneciendo en el complicado Continue reading